Hemos retrocedido en el tiempo. Berlín 1965. Hace frío. No aguanto un minuto más. Me voy, le dice Geert a Sarah. ¿Dónde? A cruzar la frontera, no puedo más. Estamos en el hoyo mientras ellos montan festines y banquetes. Quiero conocer mundo, ver el Berlín oeste. Peor no podemos estar. Ahí, al otro lado del muro, están los americanos con su "american dream". Sarah, yo también quiero soñar. Qué palabra más bonita. ¿Acaso no deberíamos poder soñar todos?
Creo que me he roto el dedo pequeño del pie. Qué agobio. Como no pasen rápido voy a morir asfixiado. Hace mucho calor. Nunca hubiera imaginado que un hombre cabría en el motor de un coche. En efecto, estoy escondido en el motor de un escarabajo. Qué locura. Y todo por el puto talón de acero. Manda huevos.
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Mi nombre es Adou. Vivo con mis tíos en Costa de Marfil y desde hace años sufro paludismo. Y todo por un mosquito infectado que decidió hacer de mi vida algo peor. Pero soy suficientemente fuerte como para no darme por vencido.
Y es que mañana inicio mi travesía hasta Ceuta. Dos meses andando. Ahí me esperan mis padres para pasarme a España. Dice papá que de eso ya se encarga él, que me pondrá en una maleta y seguro que cuela. No lo tengo claro. Pero hay que probarlo.
Dos historias parecidas. La de arriba, inventada pero cierta en el contexto. La de abajo, verdad. Y es que la imagen que ha dado la vuelta al mundo de un niño encerrado en una maleta y pasando por el arco de seguridad de la frontera de Ceuta pone la piel de gallina. Recuerda a los métodos que utilizaban en Checkpoint Charlie en la época del muro de Berlín, donde la gente intentaba cruzar del Berlín soviético al americano en busca de una vida mejor.
Y sí, esto está pasando aquí al lado y nosotros como si nada.




